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  • Doctora Rodríguez Muñoz

La alineación dental, una inquietud desde los egipcios


La preocupación por la estética dental no es algo nuevo. Aunque en la actualidad los tratamientos de ortodoncia sean prácticamente invisibles, los dispositivos para desplazar y enderezar los dientes existen desde el Imperio Egipcio (2000 a.C.). Los arqueólogos han encontrado momias de faraones con bandas de metal alrededor de los dientes hechas con una cuerda de fibras naturales procedentes de intestinos animales ejerciendo una función similar al alambre de los brackets tradicionales y el arco de ortodoncia. Con ellas pretendían mantener las piezas en su lugar y cerrar espacios antiestéticos, lo que refleja la importancia que tenía la boca en el estatus y en los cánones de belleza. Más tarde (700 a.C.) los etruscos colocaban dispositivos dentales de oro sólido en la boca de los muertos para enderezarlos y que conservaran un buen aspecto en su paso al otro mundo.


Pero fue la civilización griega la que realmente comenzó a preocuparse por la colocación de la dentadura en vida y desarrolló primitivos sistemas de ortodoncia. De hecho, etimológicamente, la palabra ortodoncia proviene de dos vocablos de origen griego, “orto”, que significa “recto”, y “odontos”, que significa diente. Hipócrates de Cos, considerado uno de los padres de la medicina que ejerció en la Antigua Grecia en el siglo IV a.C, fue el primero que escribió sobre la malposición dental y las posibilidades de corregirla y mejorar así la apariencia de la sonrisa. Decía que “si los dientes estaban desviados o desplazados, era preciso corregirlos con un hilo de oro, preferentemente”.


Dispositivo bandeau ideado por Pierre Fauchard

Por su parte, entre el 25-50 a.C. el médico romano Aulo Cornelio Celso proponía llevar los dientes al sitio deseado haciendo presión con el dedo a intervalos regulares: “Si cuando erupciona el diente permanente en un niño, el diente temporal no se ha caído, debemos quitarle este y empujar con el dedo el diente definitivo hasta que alcance su posición correcta”. A partir de aquí, la odontología no experimentó grandes innovaciones y las técnicas a las que se recurrió para mejorar la posición de los dientes tampoco fueron muy eficaces. Por ejemplo, el escritor y naturalista Plinio el viejo (23-79 d.C.) recomendaba limar los dientes elongados (más altos que el resto) hasta conseguir que se alineasen con los otros.



Sistemas primitivos de ortodoncia

En la Edad Media el progreso de las ciencias fue pobre en general y los primeros tratamientos de ortodoncia fueron bastante rudimentarios. No fue hasta el siglo XVIII cuando se desarrolló la verdadera investigación ortodóntica. En 1728 Pierre Fauchard escribió ‘El Cirujano Dentista’, un libro que contenía un capítulo entero sobre el enderezamiento de los dientes, y mencionaba un dispositivo llamado bandeau: un arco de metal (o de madera o hueso) que se colocaba fuera de los dientes junto con una cuerda o un alambre para atarlos al arco y que la presión constante los pusiera en su lugar. En 1803 Joseph Fox describe un aparato muy parecido, con la diferencia de que estaba construido con oro y tenía sujeto dos bloques de marfil para levantar la oclusión a nivel de los molares y permitir la corrección de linguoclusiones de dientes anteriores. Por su parte, Pierre Bourdet, dentista de la reina de Francia, publicó la obra ‘El arte del dentista’ en la que sugería formas de mejorar el sistema bandeau y proponía de forma pionera la práctica de extraer las muelas del juicio en personas cuyas bocas estaban demasiado llenas de piezas.


El término ortodoncia fue acuñado a principios de este siglo XIX, tras la invención de Christopher François Delabarre de la cuna de alambre, una de las primeras formas de aparatos modernos. Los elásticos también comenzaron a usarse en 1843 por el doctor Edward Maynard y fueron mejorados por E.J. Tucker en 1850, con la introducción de las bandas de goma.

Las primeras ortodoncias en metal

Pero, a pesar estos avances, la aparatología seguía siendo primitiva, no solo en diseño sino en la calidad de los materiales, por lo que John Nutting Farrar en 1875 ideó aparatos de metal compuesto de tornillos y tuercas, con el objetivo de evitar algunas molestias a los pacientes y reducir el peligro que las estructuras dentarias provocaban a causa de los materiales con los que estaban fabricados. El gran salto en la era moderna se dio con los estudios de Edward H. Angle, considerado el padre de la ortodoncia, pues gracias a él empezó a considerarse una verdadera especialidad. Sus obras contribuyeron a consolidarla no como una una simple técnica sino como un pilar fundamental para la salud y en 1900 abrió la primera escuela relacionada con esta especialidad y fundó la Asociación Americana de Ortodoncia. En 1928 Angle introdujo el bracket edgewise, que remplazaba el mecanismo de arco cinta, por una aparatología con tamaño de milésimas de pulgada, el calibre con menor dimensión que se utilizaba en la época.


A partir de estos estudios, las últimas décadas han servido para ir mejorando los materiales utilizados en los brackets, desde el oro, la madera, el zinc, el marfil y, ya en la década de 1970, el acero inoxidable que conocemos hoy en día, mejorados después por los de cerámica, casi imperceptibles, aunque no es hasta 1997 cuando se inventan los alineadores invisibles Invisalign, otro avance significativo para la ortodoncia.

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