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EL BLOG DE LA CLÍNICA

La máquina de algodón de azúcar, invento de un dentista

  • Foto del escritor: Doctora Rodríguez Muñoz
    Doctora Rodríguez Muñoz
  • hace 1 hora
  • 2 min de lectura
algodón azúcar dentista

En la Italia del siglo XV, los pasteleros calentaban el azúcar para conseguir un líquido y crear filamentos con los que decorar sus lujosas creaciones. Se trataba de un proceso laborioso y de elevado precio que solo era consumido por las clases sociales de mayor poder adquisitivo. Siglos más tarde, en 1897, un dentista americano de 37 años nacido en Nashville y llamado William Morrison quiso que esas creaciones dulces pudieran ser disfrutadas por todo el mundo.


Morrison era brillante en su carrera odontológica y en 1894 fue nombrado presidente de la Asociación Dental del Estado de Tenesse. Sin embargo, también le apasionaba la investigación  científica y culinaria y se dedicaba a idear originales artefactos, como un dispositivo que extraía el aceite de las semillas de algodón u otro que purificaba químicamente el agua de su ciudad.


En 1897 se asoció con un antiguo compañero y confitero, John C. Wharton, para diseñar una máquina capaz de transformar azúcar derretido en hilos finísimos, ligeros como nubes. Utilizando la energía centrífuga, el invento conseguía girar rápidamente y derretir el azúcar , que salía en forma de finas hebras a través de unos pequeños agujeros, hasta que su consistencia era esponjosa y suave, recogiéndose alrededor de un palo de madera, lo que facilitaba su consumo. Esta primera máquina de algodón de azúcar eléctrica fue patentada en 1899 con el nombre de ‘Fairy floss’ (seda o hilo de hadas).



Tras constituir la ‘Electric Candy Company’ perfeccionaron el funcionamiento y lo presentaron en 1904 en la Exposición Universal de Sant Louis (Misuri). Vendían este 'hilo de hadas' en cajas de madera por un alto precio, 25 centavos —unos 6$ actuales, cantidad que suponía casi la mitad del precio de la entrada a la feria— pese a lo cual fue todo un éxito, distribuyendo alrededor de 68.000 cajas entre los asistentes. Desde ese momento, esta máquina giratoria de este esponjoso y pegajoso dulce se convirtió en una atracción imprescindible en ferias y parques de todo el mundo.


Cuando la patente de Morrison expiró, otro dentista llamado Joseph Lascaux mejoró la máquina en 1921 bautizando el dulce como ‘Algodón de azúcar’ o ‘Cotton candy’, nombre que se popularizó y se mantiene en la actualidad, aunque en algunos países como Australia lo siguen llamando ‘Fairy floss’. Desde entonces los dispositivos han evolucionado y durante 1960 y 1970 se automatizó todo el proceso gracias a una variedad de avances, tanto en el sistema rotatorio como en el empaquetado.


Lo más curioso de la historia es que fuera un dentista quien ideara y desarrollara este dulce que se pega a los dientes y puede favorecer la aparición de caries, aunque no existe documentación que acredite que Morrison promoviera este dulce con el objetivo de tener pacientes.



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