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EL BLOG DE LA CLÍNICA

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  • Foto del escritorDoctora Rodríguez Muñoz

La leyenda del gusano que causaba las caries de los dientes



Escena representa la batalla contra los tormentos infernales que causaban los dolores de muelas.


Hubo un tiempo en que el imaginario colectivo pensaba que los terribles dolores de muelas los causaba un gusano que se instalaba en su interior y lo devoraba, ya que los agujeros creados por las caries son similares a los producidos por los gusanos en la madera. De hecho, si se inflamaba un diente ahuecado, la pulpa dentaria era "matada" como un "gusano" con una cauterización con un alambre.


Los orígenes de esta leyenda se remontan hasta la antigua Mesopotamia tras encontrar una tablilla cuneiforme de origen babilónico que relata la existencia de un gusano que bebe sangre, se come las raíces de los dientes y causa la temible caries. Otros investigadores sitúan la creencia en el antiguo Egipto dado que el gusano era el principal símbolo de todas las enfermedades. Sea cual sea su procedencia, la creencia se extendió al Imperio Romano y perduró durante la Edad Media ligaba a los temibles tormentos del infierno.

La apariencia del gusano variaba de un país a otro. En Inglaterra tenía el aspecto de una anguila, mientras en el norte de Alemania se comparaba con una larva de mosca de color rojo, azul y gris. En uno de sus relatos, los hermanos Grimm describen al gusano como una linfa viscosa que es expulsado con fuerza de los poros de los dientes por la fuerza contráctil de la fumigación y en el ‘Diccionario conciso de la superstición alemana’ se mencionaba que en Mecklenburgo, Suabia y Franconia se consideraba a la pulpa colgante (podría ser el abseso encapsulado) como un pequeño gusano vivo. Incluso el cirujano flamenco Jan Yperman afirmó haber observado gusanos moviéndose y causando supuración en el diente.


La teoría permaneció durante siglos hasta que en el XVIII varios científicos, entre ellos Pierre Fauchard, reconocido como el "padre de la odontología moderna", se esforzaron por demostrar que no había ningún gusanillo devorando las muelas y los dientes. En 1728 este afirmó que los ácidos derivados del azúcar eran sus responsables y en los años siguientes el roer de los dientes del gusano fue relegado al reino de la superstición, salvo en algunos lugares en los que persistió en hasta el siglo XX. Lo que sí es cierto es que cuando la pulpa dental se extrae intacta puede tener la apariencia de un gusanillo y que los gérmenes causantes de la caries no son muy distintos al gusano, royendo los dientes y agarrándose al diente ahuecado.


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