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  • Doctora Rodríguez Muñoz

Cuando estuvo de moda una pasta de dientes radioactiva


En 1898, la científica Marie Curie descubrió el radium (radio) y observó que sus emisiones provocaban efectos en el organismo. Sus propiedades eran prometedoras en el área de la salud pues, tras experimentar con roedores, comprobaron que podían remitir algunos tumores. Por ello, la medicina se lanzó sobre él concediéndole propiedades milagrosas. Tanto que en 1906 en París se creó un Instituto Terapéutico Radioterápico, en Inglaterra, Eduardo VII inauguró en 1911 el Radium Institute of London y en Estados Unidos aparecieron servicios hospitalarios de radioterapia en Boston, Nueva York y Filadelfia.


Sin embargo, esta "radiomanía" se instaló también en otros ambientes más agresivos y comerciales. En Austria, se vendieron aguas con radioactividad para curar las neuralgias, neurosis, afecciones digestivas y neoplasias malignas. La inventiva de ciertos promotores no conoció límites y se ofrecieron al público sopas, cigarros, pasteles y chocolates radioactivos (en imagen), e incluso se idearon productos de este tipo contra los insectos, para hacer crecer las patatas e incrementar el vigor sexual. También camisetas térmicas, cosméticos y pasta de dientes en cuyos anuncios se dejaba claro que contenía radio, pues daba valor al producto, aunque aún estaban por demostrarse sus promesas y los peligros no se empezaron a evidenciar hasta una década después, pese a existían ciertos indicios. La propia Marie Curie se negó a reconocer una relación directa con la enfermedad que acabó con su vida, una anemia aplásica, propia de una exposición a la radiactividad.




En este contexto es en el que Carl Auer von Wellsbach, químico e ingeniero austriaco, lanzó su pasta dental radioactiva Doramad, que fue todo un éxito en Alemania y el resto de Europa, incluyendo España, en la que fue anunciado en varios periódicos. Este científico eminente formado en la Universidad de Heidelberg y experto en radioactividad estaba cegado por las desproporcionadas expectativas puestas por la clase médica en las emisiones radioactivas. “La radioactividad te hará sentir más sano”, fue la consigna lanzada y que provocó la aparición de decenas de presentaciones dedicadas a resolver cualquier dolencia. Incluso durante la Segunda Guerra Mundial una campaña de marketing de esta pasta dental jugó una mala pasada a Estados Unidos, haciéndoles pensar que Alemania había conseguido una bomba atómica.


Afortunadamente, la fiebre de la radiactividad europea fue una tendencia que desapareció en Estados Unidos con el lanzamiento de una bebida energética llamada Radithor, muy popular debido a su pequeña concentración de radio. Tras una primera muerte en 1932, el Gobierno restringió el uso de materiales radiactivos en el consumo. Sin embargo, eso no impidió que todavía se anunciaran como radiactivos algunos productos aunque ya no incluían nada peligroso en su composición. En los años 40, uno de estos los más populares fue la pasta de dientes Pepsodent, una marca americana que hizo una fuerte campaña de publicidad en Europa mostrándose como capaz de dejar los dientes extremadamente blancos gracias al iridio de su composición, otro material radiactivo que realmente no tenía por la prohibición.


Aunque la pasta de dientes Doramad se siguió vendiendo en Europa hasta unos años después de la Segunda Guerra Mundial, la prohibición del uso de materiales radiactivos en el consumo se extendió y desapareció y, en la actualidad, la regulación es muy estricta para su uso controlado debido a su gran toxicidad.

Fuentes: El Independiente, Gaceta Dental y La Razón


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