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EL BLOG DE LA CLÍNICA

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  • Foto del escritorDoctora Rodríguez Muñoz

Los registros dentales permitieron identificar a víctimas del Holocausto


Durante el Holocausto nazi, los genocidas intentaron borrar la identidad de los prisioneros de los campos de concentración y exterminio. Sin embargo, los registros de tratamientos dentales y de experimentos médicos a los que fueron sometidos estos presos —redactados por la propia burocracia nazi— quedaron tiempo después a disposición de investigadores. Los dentistas forenses pudieron así identificar a miles las víctimas e incluso ayudar a los familiares a encontrar a sus desaparecidos. Entre los citados experimentos dentales destacaron los del médico Josef Mengele, uno de los criminales más buscados de la Segunda Guerra Mundial —conocido como “el doctor de la muerte”— que extraía dientes sin anestesia, entre otras prácticas, dejando daños permanentes en la boca de los prisioneros.


El papel de los odontólogos se ha convertido en fundamental a la hora realizar informes forenses de identificación de cadáveres, especialmente en sucesos con víctimas múltiples. En España se aprobó en 2009 el Protocolo Nacional de actuación Médico-Forense y de Policía Científica en este tipo de grandes catástrofes como base normativa que regula los procedimientos y técnicas que deben aplicarse. Dado que el reconocimiento de las características individuales de las piezas dentarias, y en general los datos bucodentales, es un proceso altamente especializado, los odontólogos reciben la formación y los conocimientos necesarios para la realización de la toma de registros dentales, la interpretación precisa de los resultados y la obtención adecuada de las conclusiones para elaborar los informes.


Aunque en nuestro país esta legislación y especialización es relativamente reciente, la odontología forense está reconocida desde hace muchos años como parte de las investigaciones legales y judiciales. Y es que no solo los dientes aportan información valiosa, sino también la estructura ósea de la mandíbula, los labios, el paladar o la lengua. De hecho, se cree que la primera persona identificada por su dentadura fue la noble romana Lolia Paulina en el año 49 d.C., momento a partir del cual comenzaron a registrarse las dentaduras de soldados para identificar los fallecidos tras las batallas, aunque no fue hasta 1775 cuando la justicia americana aceptó la evidencia dada por la odontología forense, como ya os contamos en otro post.



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