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  • Doctora Rodríguez Muñoz

La historia del sillón dental


Para llegar hasta los sillones dentales tal y como hoy los conocemos —una herramienta muy importante en práctica médica bucodental— hay que viajar en el tiempo hasta la época en que los barberos ejercían de dentistas circunstanciales usando sillas de madera. No es hasta 1790 cuando Josiah Flagg crea la primera silla con un reposabrazos más amplio y un reposacabezas ajustable para mayor comodidad del paciente, y más de cuarenta años después, James Snell crea un butacón abatible equipado con un espejo para iluminar pensando también en facilitar el trabajo de los profesionales


Ya en 1847, Jones White & Co. inventa un sillón dental con reposacabezas portátil, especialmente indicado para aquellos dentistas que trabajan desplazándose o en la calle y, tres años después, en 1950, se crean los primeros sillones para dentistas abatibles y con un sistema para apoyar los pies, invirtiendo de nuevo en mejorar la experiencia de los pacientes, aunque en 1868 James Beall Morrison crea una silla que permite una ligera inclinación lateral para facilitar el trabajo del dentista.


En 1871 la empresa SS White Co. presenta una silla para dentistas hecha enteramente de metal que podía modificarse en altura a través de una manivela y en 1875 Bufalo Dental Ma. Co. crea un butacón que aumenta la comodidad en el trabajo pues se abate hacia atrás permitiendo que los odontólogos puedan trabajar sentados. Otro paso importante en esta historia es cuando el arquitecto suizo Le Corbusier diseña en 1928 el prototipo de los sillones anatómicos modernos preocupándose por el confort y la comodidad. Se trata de la chaise longue con una angulación similar de 135º entre cadera-muslo y muslo-pierna, adquiriendo el usuario una posición más acostada que sentada y eliminando así los puntos de tensión.


Pero el gran cambio llegó en 1940 cuando Ritter Co. idea un sillón para dentistas con aire a presión, equipado con torno, el dispositivo para que el paciente pudiera expulsar la saliva durante las intervenciones, y un aparato para realizar radiografías que mejoraba el trabajo del dentista. Otro de los diseñadores modernos fue Jhon Anderson quien en 1957 se basó para su nuevo diseño en los modelos de asientos para pilotos de aviones bombarderos y demostró que el tradicional generaba una una posición estresante que inducía fácilmente al desmayo.


En la actualidad existen varias clases de sillones odontológicos:


Silla tradicional hidráulica: muy parecida en su posición a las antiguas sillas de peluquería. Tiene un sistema hidráulico accionado por una palanca que eleva el sillón. Para mayor comodidad el operador trabaja de pie pues posee controles en la parte trasera.

Silla tradicional eléctrica: es igual que la anterior pero tiene un sistema de elevación con un sistema eléctrico. Además, hay unos más sofisticados que no solo elevan la silla sino que se pueden mover a voluntad del operador.

Sillón anatómico: este sillón busca no solo la comodidad del paciente sino también la del operador, por lo que es el más utilizado entre el gremio por varias razones:

1. Distribución uniforme del peso del paciente. 2. Elimina los llamados anclajes de tensión. 3. Facilita la entrada y salida del paciente. 4. Facilita el trabajo sentado del operador y la integración de un equipo con la auxiliar. 5. Facilita el trabajo cardiorespiratorio del paciente.


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