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  • Doctora Rodríguez Muñoz

La tabaiba dulce, el “chicle” canario que fortalece las encías y la dentadura


En Canarias se llaman “tabaibas” a un amplio grupo de plantas de la familia de las Euphorbias, entre las que destacan dos especies: la dulce y la amarga. La dulce o balsamífera es un arbusto que se encuentra en zonas costeras expuestas al viento midiendo hasta dos metros y con tallos grisáceos muy ramificados desde la base que le dan un porte achaparrado, característica que permite distinguirla rápidamente de las tóxicas tabaibas amargas cuyas ramas se separan del suelo a partir de un tronco principal, dándole a la planta un aspecto más estilizado.


Las primeras crónicas que hacen referencia a la tabaiba dulce vienen de la mano del naturalista latino Plinio el Viejo en su obra ‘Historia Natural’. Mucho más tarde, en la primera mitad del siglo XVI, el humanista extremeño Vasco Díaz Tanco visita el archipiélago canario y escribe dos poemas. En uno de ellos hace una relación de las plantas que encontró en su viaje, nombrando la tabaiba en una estrofa que recoge también otras menciones botánicas adjudicadas a La Gomera, isla en la que vivió durante unos años. También en las crónicas que escriben los conquistadores normandos explican que “el país está lleno de árboles que destilan una leche medicinal, a manera de bálsamo” y el dramaturgo español Miguel de Unamuno describe la savia de la tabaiba como “un jugo blanco, lechoso, pegajoso y cáustico” y asegura que “la leche acre y cáustica de la tabaiba es tuétano de los huesos de esta tierra sedienta”.


Se trata de una de las plantas canarias de mayor uso etnobotánico y con más propiedades medicinales conocidas. Por un lado, su látex balsámico posee numerosos componentes químicos útiles en fitoterapia, como los triterpenos, cicloartenol y lanosterol. Por ello, las tabaibas han sido utilizadas desde los aborígenes hasta la actualidad para multitud de usos, entre ellos los curativos. Además de sanar verrugas, callos, heridas, grietas picaduras de espinas o astillas en la piel, se utiliza para tratar el catarro, diluyendo el látex en aceite y haciendo una cataplasma que se aplica sobre el pecho. También para fortalecer las encías y como emoliente y salivatoria, dejando secar su leche al sol para que se coagule y se forme una pasta de consistencia chiclosa que se mastica y enriquece la dentadura. Hubo un tiempo en que los niños la tomaban como una golosina parecida al chicle añadiéndole azúcar para mejorar su sabor.


Fuentes: Fuerteventura en Imágenes y Mundo Guanche

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