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  • Doctora Rodríguez Muñoz

El arte antes de la Odontología


El arte es mucho más que una expresión cultural para el deleite de los sentidos, pues nos ayuda a la comprensión del ser humano dentro de un contexto histórico. Como contábamos en otro post (ver "Nos somos sacamuelas"), a finales de la Edad Media los barberos incorporaron a su oficio la prácticas propias de médicos, dentistas o cirujanos realizando pequeñas operaciones bucales y extrayendo piezas dentales. Así se consolidó la figura del sacamuelas-charlatán callejero que buscaba de pueblo en pueblo captar el mayor número de “clientes” . De su existencia han dejado constancia no solo documentos escritos sino también obras pictóricas que reflejan la importancia que la atención bucodental ha tenido siempre para el ser humano.


“El charlatán sacamuelas” de Theodor Rombouts.

Estos cuadros de los siglos XVI y XVII (periodo barroco), muestran los usos y costumbres antes de que se produjeran los avances en tecnología, seguridad y formación de los profesionales de la Odontología, cuando esta disciplina no existía y la experiencia de los pacientes no parecía ser tan placentera. En el Museo del Prado de Madrid podemos ver “El charlatán sacamuelas” (1627) del pintor flamenco Theodor Rombouts, obra en la que destacan las expresiones faciales de los personajes, tanto del que es intervenido como de los que esperan su turno (sin respetar ninguna intimidad), y la disposición del instrumental sobre la mesa, muy alejada de las estrictas condiciones higiénicas de las clínicas actuales, por no hablar del collar hecho de muelas del entonces “dentista” con el que, a falta de titulaciones, exponían su valía.

El sacamuelas de Gerrit Dou.

En el museo del Louvre de Paris encontramos otro sacamuelas de Gerrit Dou (1630-1635), cuadro que muestra cómo era una consulta dental holandesa: una butaca de madera, iluminación natural gracias a la ventana y material mezclado con un mortero, una calavera, una bola del mundo y un violín. Incluso el paciente ha dejado su compra y su sombrero en el suelo. Su cara no denota precisamente relax pero nada que ver con el pavor del atendido por su paisano Gerrit Van Honthorst (1622), que opera iluminado por la luz de una vela sujetada por un niño ante el asombro de los presentes en un ambiente cuanto menos tenebrista.

Los sacamuelas de Pietro Longhi, Giandomenico Tiepolo y Peeter van der Borcht.

Grabado de Francisco de Goya


Más luminosas, pero aún muy alejadas de lo que para nosotros representa una atención dental de calidad son las obras de los italianos Pietro Longhi (1746) y Giandomenico Tiepolo (1754-1755), con los sacamuelas subidos a un estrado como si fueran a dar un mitin ante unas concurridas plazas y mostrando orgullosos al público sus hazañas. Y se lleva la palma el sacamuelas de Peeter van der Borcht (segunda mitad XVI), que ni siquiera se baja del burro para realizar la extracción.


También el español Francisco de Goya les dedicó su grabado ‘A caza de dientes’ (1799) —dentro de la serie ‘Los caprichos’—, aunque con otras connotaciones. En él vemos a una joven arrancando los dientes a un ahorcado para preparar un hechizo amoroso que le permita conquistar a su amado, ejemplo de las creencias y supersticiones de la época.


Fuente: Harte con Hache

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